miércoles, 18 de abril de 2012

Manuelita Rosas, ultima Princesa del Plata

"Saludaba con sorprendente distinción la morena esbelta que acompañaba a Eliza Ellice, nieta de la polémica Duquesa Georgiana Spencer y Charles Grey, ambas subían al sobrio carruaje y se retiraban de la fiesta de Howick Hall, amanecía un día de verano en Londres y las damas repasaban la recepción con lujo de detalles entre risas y el humo del cigarrillo que fumaba la delicada latina. 
Toda la alta sociedad asistió al evento y se distinguía entre ellos esta regia morocha de perfecta elocuencia y fuerte mirada, pero graciosa y dulce, en los saludos y charlas, con la alegría del champagne, el chiste era poder pronunciar el nombre de la dama: Manuela Rosas."


Vivía en Londres hace 10 años pero podía pasar perfectamente como una "Miss" de la nobleza inglesa, tenia una vida social muy activa y frecuentaba la alta sociedad londinense, donde las sonrisas eran inevitables ante esta alta dama de fina cintura y larga melena oscura, de mirada penetrante, simpática y graciosa que no aparentaba sus 46 años, a menudo la primera pregunta que debía responder era sobre el estado de salud y ánimos de su padre.

Dos veces al mes, a menudo los domingos,  visitaba, con la sola compañía de sus hijos de 5 y 7 años, la estancia de Don Juan Manuel, en Southampton; resignada a escuchar sus reproches por haberse casado ni bien llegados al exilio, el restaurador la acusaba de "ingrata" y de haberlo abandonado, exagerando los achaques de la vejez pero poniéndose muy "baboso" cuando jugaba con los pequeños Rodrigo Tomas y Mariano Maximo, a quien siempre llamo solo por su primer nombre en claro rencor con el nombre si quiera de su yerno, Maximo Terrero.

Aquel domingo del '63 almorzaban en la estancia de Rosas un asado argentino; agasajaban así a una de las poco frecuentes visitas, Mister Hamilton Fotheringham, vecino de Southampton. Hace meses, intrigado por las maravillosas nostalgias de los Rosas en las sobremesas, Mister Fotheringham conversaba con ella la posibilidad de viajar a establecerse en Argentina, esa tarde lo obsequio con un poncho junto a una carta de recomendación para trabajar en la estancia Los Cerrillos, antigua propiedad de Rosas en Montes, provincia de Buenos Aires.


La Niña se despidió del "tata" y de Mister Ignacio ya caída la tarde y emprendió camino a Londres, Marianito y Tom dormían, el carruaje atravesaba las leguas de campo en las que el restaurador había intentado recrear el paisaje de las pampas, las lejanas pampas de Argentina, el traqueteo entre robles y castaños trajeron a su memoria los descansos en la estancia San Martín (el pino), momentos mas tarde sus ojos tristes contemplaban el sol ponerse entre los setos de la campiña inglesa, su vista se nublo en una lágrima y sonrío nostálgica antes de dormirse mirando el ocaso...


De pronto el sol en su cara la despertó, estaba llegando a la Santa María de los Buenos Ayres y amanecía el sol por el río de la plata, avestruces, teros, gavilanes y pájaros de hermoso plumaje en los jardines de Palermo y la avenida de higos y naranjos la recibían, las flores de jacarandá decoraban el amanecer y bordeando el estanque ya se veía a lo lejos el caserón de Palermo de San Benito, la corte Palermitana. 
Un ingreso a la residencia de Palermo




En la galería exterior con arcadas en recova esperaba ya impaciente El Restaurador, que se le había adelantado la noche anterior, ese día tenían compromisos sociales, recibían diplomáticos y Manuelita, estrella del cielo Federal, era la primera dama de la Santa Federación, no podía estar de ninguna manera ausente.


Atrás de Rosas estaba dando saltos y gesticulando su mejor amiga Camila O'gorman la colorada, su mirada cómplice y las señas discretas que hacia con las manos fuera de la vista del Restaurador, le avisaba el regaño que se le venia... 


"Ya llegue tatita" saludo con una sonrisa y beso dos veces las mejillas del testarudo padre, que se disponía a darle una reprimenda cuando miro a los ojos y le vino a la memoria la imagen de Doña Encarnación...
"Vaya m'ija, apure mi niña que uste' me hace falta hoy"


Beso a su amiga Camila, se abrazaron y entraron a las risas a la casona caminando sus lustrados pisos bajo el blanco cielo raso, atravesaron el jardín central y se dirigieron a los dormitorios de Manuelita pensando en el candombe que tenían a la noche donde ella vería a su amado Maximo, muchas cosas para contar...muchas cosas para vivir...
Vista de la Casa de Rosas desde el estanque




De pronto el brusco golpe en seco la despertó, el transito en las oscuras calles de Londres era normal, a esa hora de la noche terminaban los teatros y la opera...
Londres hacia 1863



Manuela Robustiana Rosas y Ezcurra de Terrero 


Hasta los 21 años solo fue una frivola joven de la alta sociedad en la Federación, pero fue a esa edad, a fines de 1938, que se realiza un redireccionamiento en el rol que ocupaba Manuelita. 
Se mudaron en 1939 a la residencia de Palermo de San Benito (hoy bosques de palermo) que fue una zona de pantanos rellenada con tierra extraída de lo que hoy es Belgrano; Rosas hizo construir los jardines para que los disfrutaran quienes quisieran hacerlo; de ahí que el acceso a Palermo era libre, ya que no había verjas y guardias en su alrededor.


Es en la corte de Palermo donde Manuelita toma un protagonismo distinto, ahí recibía embajadores y diplomaticos de los países extranjeros, amigos y enemigos de la Santa Federacion, que quedaban encantados con sus dotes de pianista, enamorados de su seductora elocuencia y agraciados con el dificultoso, pero nada dubitativo frances que manejaba.
La Residencia de Rosas y Casa de gobierno en 1850


Alta, morena, pelo negro, ojos pardos muy expresivos, boca y nariz pequeñas, asidua en candombes y fiestas, fumaba y las crónicas de la época la califican como graciosa y guapa, no muy bella de rostro, pero esbelta. De modales exaltados, sus ojos hechaban llamas, de fisonomía agradable y simpática, una cintura leve, flexible, y con todos esos movimientos llenos de gracia y voluptuosidad que son peculiares a las hijas del Plata. 
Para Rosas su auxiliar política fue “la niña”, quien se desempeñó como encargada de las relaciones públicas y diplomáticas meses después de la muerte de su esposa Doña Encarnación, era bondadosa y también era un nexo con el pueblo, recibía cartas con suplicas de todo tipo, su influencia e importancia fue tal que en los '40 era considerada en los círculos Federales una sucesora del Restaurador.
Lord Howden llegado a Buenos Aires por 1847 comisionado para hacer la paz entre Inglaterra y Argentina quedo encantado con Manuelita. Ella poseía grandes atractivos y disponía de muchos recursos para cautivar a los visitantes y ganar su confianza.


Fue el centro vital de todas las fiestas, un espíritu alegre siempre dispuesto a la diversión. Poseyó su “propia corte” en los jardines de Palermo, donde desarrolló su vida pública, y la fortuna de un “salón” de gente joven. A sus tertulias asistía lo más rancio de las aristocracia federal y algunos sospechosos de ser unitarios.


Había una capilla en la casona de Palermo donde oia misa, y también asistía junto a su mejor amiga y confidente Camila O´gorman a la actual iglesia del Socorro, en Suipacha y Juncal, donde Camila se enamoro del Padre Ladislao Gutierrez causando una de las polémicas mas sonoras en 1848, cuando se fugaron  escandalizando a la Iglesia y a la sociedad toda, a Rosas no le importo lo que opine la sociedad, y se cree que si los jóvenes acudían a el serian perdonados, pero lo que no tolero el Restaurador fue la sonoridad del caso que llego a  niveles internacionales cuando nefastos personajes oponentes como Sarmiento opinaban en la prensa del exterior, aprovechando el caso, que Rosas había corrompido la moral argentina. 
Presa en Santos Lugares, Camila escribió a su confidente de Palermo suplicando ayuda, Manuelita le contestó el 9 de agosto alentándola a que no se dejara quebrar, que ella la ayudaría. El mismo día empezó a preparar, en la Casa de Ejercicios, un lugar para su amiga. También hizo llevar libros de historia y de literatura para Gutiérrez a la cárcel del Cabildo. Pero Rosas no permitiría que llegasen a Buenos Aires, donde tendría que ceder a los pedidos de Manuela, solicito las declaraciones de los reos, las cuales le llegaron el 17 de Agosto, y decidió la inmediata ejecución, conocida la situación de preñez de Camila, la mañana del 18 se envía la noticia al Restaurador y carta a Manuelita, pero la correspondencia jamas llego a la niña, el gobernador no podía aceptar que existiera un testimonio vivo de la de­sobediencia.


Desde muy joven Manuelita estuvo enamorada de Maximo Terrero, hijo del secretario de Rosas, todos sabían de esa relación y que algún día se casarían, pero la boda jamas llegaba, en la Corte de Palermo la soltería de Manuela era forzosa y por el papel político de la niña era mas importante el compromiso con la Federacion.
Manuelita sobrellevo todas esas obligaciones hasta cumplidos los 35 años, a principios del '52 su amado Maximo fue apresado por Urquiza en Caseros y su padre derrotado era desterrado, Su reinado había llegado a su fin.
 El 3 de febrero de 1852, conocida la derrota en Caseros, la última persona que se retiró de Palermo fue Manuelita, que lo hizo a las ocho de la noche para reunirse con su padre en el consulado británico, la tarde del día siguiente, protegidos por el cónsul británico Robert Gore, partieron hacia Inglaterra en el buque de guerra británico Conflict.
Apenas le fue concedida la libertad, Terrero se unió a su amada en Inglaterra y se casaron meses después, aun sin el consentimiento de Rosas, que considero el matrimonio de una “crueldad inaudita”y no asistió a la boda.
fue el único acto de rebeldía de Manuelita, la noticia del casamiento fue el acontecimiento del año en Buenos Aires. “La niña” había quedado liberada de la tiranía paterna; su abnegación había terminado.


Pasaron los años y la feliz pareja tuvo 2 hijos, la vida de Terrero se alterno entre Inglaterra y Argentina, los nietos visitaban en vacaciones al abuelo que en su estancia llevaba una vida al estilo rural argentino, criando vacas, ovejas y gallinas.
La casa de Rosas en Southampton



 El invierno es muy crudo. Manuela Rosas, de 60 años, recibe en Londres un telegrama del doctor John Wiblin, médico de su padre desde años atrás, en que la llama con urgencia a Burgess Farm. 
Máximo Terrero se ha marchado poco tiempo antes a Buenos Aires. Acude Manuela al llamado presurosa, y dos días después, el 14 de marzo de 1877 a las seis de la mañana muere don Juan Manuel...
Manuelita quiso velar por el aquella noche pero las criadas la disuadieron, en horas de la madrugada la fuerte tos del anciano padre la despertó...

-¿Cómo se siente tatita? 
Rosas la mira desde lo profundo de sus ojos gris acero, hundidos por la fiebre, y esbozando una sonrisa musita: 
-No lo se, mi niña… 
Son las siete de la mañana del 14 de marzo de 1877.


Sobriedad y grandeza. Pobre el cortejo, ¡pero qué trofeos!. Sobre el ataúd la bandera argentina de la Campaña de la Sierra regalada por el coronel Arenales, hijo del general; sobre ella, el sable que el Libertador José de San Martín le legara por “la firmeza con que ha sostenido el honor de la república contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarnos….". Sobre el ataúd una chapa con su nombre como él lo escribía: “Juan Manuel de Rosas”, y las fechas de su nacimiento y su muerte. Sobre su tumba, un sobrio monumento, coronado por una cruz, y una lápida señalando su nacimiento, su llegada a Inglaterra y su muerte. 


Manuelita falleció en la capital británica el 17 de setiembre de 1898, luego de una tranquila vida, a los 81 años sin haber regresado a su patria.


En los billetes de 20 pesos argentinos se puede observar, en vivo color rojo federal, a la izquierda de Juan Manuel de Rosas, Una alegre Manuelita Rosas luciendo una corona federal.
Doña Manuela Rosas de Terrero y sus dos hijos




Un cálido atardecer del año 2012 en los bosques de Palermo, una pareja abrazada a orillas del lago del rosedal contempla el ocaso...el nombre del parque es 3 de febrero, y sin quererlo evoca el día que, en ese mismo lugar, Manuelita vio el ponerse el sol por ultima vez; el mismo sol se apagaba para los ojos de la ultima princesa del Plata.


Atardecer en Palermo de San Benito, hoy parque 3 de Febrero,
los enemigos del Restaurador quisieron hacer revanchismo histórico
 bautizando a la zona donde vivía Rosas con el día de su derrota,
pero en el inconsciente popular las injusticias no tienen fuerza,
hoy todos llaman al parque: "bosques de Palermo"














En la impresión calcográfica de los billetes de 20 Pesos esta Manuelita, retratada por el artista Prilidiano Pueyrredón (1823-1870) la presenta vestida con su miriñaque rojo y la divisa federal colocada en el peinado, de pie junto a una mesa de caoba rosada, sobre la que luce un ramo de rosas, haciendo juego con los tonos de la alfombra y del cortinado.












La Virgen Del Perdón, interpretada por Ada Falcon
homenaje a Manuelita Rosas 

sábado, 1 de octubre de 2011

La Maldonada, de abandonada a Leyenda Argentina




Hace un par de años viviendo en Buenos Aires caminaba por Palermo una tarde de lluvia con el agua hasta las rodillas por Juan B Justo...y escuche esperando el colectivo sobre las típicas inundaciones por el desborde del arroyo maldonado...entonces me vino a la memoria la historia de la mujer que le da nombre a este arroyo...



Fueron muchas las mujeres que se hicieron famosas en la conquista de América. En este capítulo se contará la historia de una de ellas, bastante legendaria, es muy probable que se llamara Catalina Vadillo; pero hoy se la recuerda sólo por su sobrenombre: la Maldonada.

Ya han visto los padecimientos que sufrieron los pobladores de la primera Buenos Aires. Muchos no pudieron tolerarlos, así como tampoco los malos tratos de los capitanes. Entonces deciden desertar de su deber de conquista-dores y partir en busca de una nueva vida a otro lado.
Tenemos dos versiones del porque esta mujer estaba sola:


la Maldonada no decide huir por sí misma, sino, "fue conminada", es decir, se le obliga a retirarse. Cuentan que de alguna manera "resultaba prescindible" por su fealdad (eso significa "maldonada", que recibe el mal don, o ha sido mal-donada).


Otra versión dice, no pudiendo soportar más el hambre ni los sufrimientos, decidió marcharse con los indíge-nas. No tenía nada que perder, o se moría de hambre en Buenos Aires, o la mataban los indígenas, pero tal vez és-tos la dejasen sobrevivir. Y como dice el cronista Ruy Díaz de Guzmán: “…tomando la costa arriba llegó cerca de la Punta Gorda en el Monte Grande (sur del Riachuelo); y por ser ya tarde buscó dónde albergarse, y topando con una cueva grande que hacía la barranca de la misma costa, y repentinamente topó con una fiera leona que estaba en doloroso parto…”. Según cuenta Díaz de Guzmán, la mujer se desmayó al instante del susto; la leona viendola como presa fácil acometió para atacarla, pero se arrepintió al ver que ni se preocupaba por su vida. La mujer al ver esa muestra de bondad, decidió ayudar a la leona en el parto, trayendo al mundo dos leoncillos. La española se quedó algunos días con ellos; la leona, aparte de alimentar a sus crías, lo hacía también con la famélica mujer.

Un día al salir de la cueva para tomar agua en la orilla del río, se topó con un grupo de indígenas. Inmediata-mente la tomaron prisionera y la llevaron a su morada. Uno de los ellos la tomó por esposa.

Tiempo después, uno de los capitanes de Mendoza estaba recorriendo la zona cuando al llegar al asentamiento indígena reconoció a la española y la llevó con él. Pero como todos sabían sobre la huida de esta mujer, se decidió castigarla por traición. Resolvieron echarla a las fieras. La condujeron hasta la orilla del río y la ataron desnuda a un árbol, para que las bestias le diesen el castigo merecido.

Éstas se fueron acercando por la noche, pero entre ellas también estaba la leona que había ayudado la española. Ésta al verla tan desguarnecida, se quedó y la defendió de los ataques de otras fieras, dándole calor cuando se alejaban. Así lo hizo durante tres días. Para entonces, el capitán mandó a unos soldados a ver qué quedaba de la española. Los soldados la encontraron viva y, con la leona y sus leoncillos a sus pies, la cual sin atacar a los españoles se corrió a un lado para que pudiesen llegar hasta el árbol. Desataron a la mujer y la llevaron a Buenos Aires. La leona daba bramidos de pena al ver alejarse a su bienhechora.

De esta manera, la española quedó libre de su sentencia, ya que ésta no había podido llevarse a cabo. Ruy Díaz de Guzmán, cronista, es el que nos trajo esta historia, él dice en su libro “…la cual mujer yo la conocí y la llamaban la Maldonada, …”. Es una interesante historia que no pasa de ser una de las tantas que cuenta Ruy Díaz en su libro La Argentina, las cuales tienen más de leyenda que de verdad.

Esta historia dio origen al nombre del arroyo Maldonado, que corre actualmente entubado y subterráneo a lo largo de la avenida Juan B. Justo, en barrio de Palermo y otros 9 de la ciudad de Buenos Aires

lunes, 19 de septiembre de 2011

ISABEL DE GUEVARA, CONQUISTADORA























La primera Feminista en el Río de la Plata.
De cartas escritas...de letras jamas leídas...



Empecemos intentando saber sobre aquello de que nada se sabe...
Así sera en este, mi primer post, que dedicare a Doña Isabel de Guevara.


Ella era una de las mujeres que vinieron en la armada de don Pedro de Mendoza, cuando fundaron por primera vez Buenos Aires en 1537 como Santa Maria del Buen Ayre, mas que eso y lo que manifiesta en su carta, no se sabe...

El 2 de Julio 1556 escribió desde Asuncion del Paraguay a la Princesa Gobernadora Doña Juana de Austria, Princesa Gobernadora de los Reinos de España, dándole cuenta de sus trabajos y solicitándole algunas mercedes, pues en la administracion y repartos ella habia quedado fuera al igual que su marido. Se consideraba agraviada por la ingratitud que ha sufrido "en esta tierra" .

Al fundamentar sus derechos ante la soberana, Isabel de Guevara nos ha dejado un documento invalorable sobre aquellas mujeres que atravesaron el mar y de cuyas hazañas tan poco se cuenta y menos se sabe.

Habia partido el 24 de Agosto de 1535 desde las costas españolas con destino a la costa del plata, Aquella blasonada expedición se convirtió en tragedia. Para comenzar, durante el viaje, Mendoza mandó asesinar malamente al Capitán Juan de Osorio, su segundo comandante. Los males siguieron al llegar al Plata: la instalación de un rancherío y fuerte que luego sería Buenos Aires, devino en hambruna y guerra con los indígenas.

"Y se levantó allí una ciudad con un muro de tierra como de media lanza de alto a la vuelta, y adentro de ella una casa fuerte para nuestro general; el muro de la ciudad tenía de ancho unos 3 pies; mas lo que un día se levantaba se nos venía abajo al otro; a esto la gente no tenía que comer, se moría de hambre, y la miseria era grande; por fin llegó a tal grado que ya ni los caballos servían, ni alcanzaban a prestar servicio alguno. Así aconteció que llegaron a tal punto la necesidad y la miseria que por razón de la hambruna ya no quedaban ni ratas, ni ratones, ni culebras, ni sabandija alguna que nos remediase en nuestra gran necesidad e inaudita miseria; llegamos hasta comernos los zapatos y cueros todos".

Cuando un grupo de sobrevivientes del desastre de Buenos Aires -unos cuatrocientos- decidió remontar el Paraná, en dos bergantines, fueron otra vez "las fatigadas mujeres" quienes los mantuvieron vivos con sus trabajos. Flacos como estaban y al comienzo del invierno, les animaban "con palabras varoniles: que no se dejasen morir, que presto darían en tierra de comida, metiéndolos a cuestas en los bergantines con tanto amor como si fueran sus propios hijos. Porque todos los servicios del navío los tomaban ellas tan a pecho que se tenía por afrentada la que menos hacía que otra."

Así aprendieron a "marear la vela y gobernar el navío y sondar de proa y tomar el remo al soldado que no podía bogar y desagotar el navío...".

Cuando por fin, luego de varios años de penurias se establecieron en Asunción, aquellas pocas mujeres encontraron nuevas tareas: mientras los soldados se reponían de sus flaquezas, ellas estuvieron "rozando y carpiendo y sembrando y recogiendo el bastimento (la provisión para sustento), sin ayuda de nadie…".

En realidad, parece imposible que seis o siete mujeres lograran, por sí solas, la hazaña de hacer sobrevivir a varios centenares de hombres, pero el núcleo de indudable verdad es que esas mujeres eran gigantes de fortaleza y determinación. Isabel de Guevara se ganó el derecho a la exageración, a cuenta del ninguneo de los cronistas masculinos, grandes expertos en exagerar, por otro lado.

Me permito acotar a lo contado, que me asombra, realmente mucho!! el hecho de que ella guardo silencio durante 20 años!! la carta fue escrita en el año 1566, cuando las penurias fueron sufridas en 1537!! un silencio de 20 años, al que siguió un silencio para siempre.


Hoy no hay registro de Isabel, no sabemos si obtuvo justicia de la corona española, lo que es seguro es que su marido habia llegado en 1542 a la colonia y estuvo involucrado en los incipientes conflictos entre comuneros y leales, pocos años después de escrita la carta fue condenado a muerte por el gobernador de Asuncion, Felipe Cáceres, que lo mando a detener, cortarle la cabeza en la plaza y ponerla en una picota.

Tambien es seguro es que esta carta nunca llego a manos de su destinataria, la "muy alta y poderosa Señora" Doña Juana de Austria, llevaba un año de muerta, luego de haber pasado 46 recluida en el castillo de Tordesillas, no era otra que "Juana La Loca"


En memoria y homenaje a las primeras mujeres del Fuerte de Santa Maria del Buen Ayre: Isabel de Guevara


María Dávila


Elvira Pineda


Mari Sánchez


Isabel de Quiróz


María Duarte


María de Angulo


Isabel y Ana Arrieta


Catalina Vadillo, la "Maldonada"



Aqui les dejo la Carta (muy interesante de leer)


Muy alta y muy poderosa Señora:
A esta Provincia del Rio de la Plata, con el primer gobernador de ella Don Pedro de Mendoza, habemos venido ciertas mujeres entre las cuales ha querido mi ventura que fuese yo la una. Y como la armada llegase al Puerto de Buenos Aires con mil e quinientos hombres y les faltase el bastimento, fué tamaña la hambre, que a cabo de tres meses murieron los mil. Esta hambre fué tamaña, que ni la de Jerusalén se le puede igualar ni con otra ninguna se puede comparar. Vinieron los hombres en tanta flaqueza que todos los trabajos cargaban de las pobres mujeres, ansí en lavarles las ropas como en curarles, hacerles de comer lo poco que tenían, a limpiarlos, hacer centinela, rondar los fuegos, armar las ballestas y cuando algunas veces los indios les venían a dar guerra --hasta acometer a poner fuego en los versos y a levantar los soldados, los que estaban para ello, dar alarma por el campo a voces, sargenteando y poniendo en orden los soldados.

Porque en este tiempo --como las mujeres nos sustentamos con poca comida--, no habíamos caído en tanta flaqueza como los hombres. Bien creerá Vuestra Alteza que fué tanta la solicitud que tuvieron que, si no fuera por ellas todos fueran acabados; y si no fuera por la honra de los hombres, muchas más cosas escribiera con verdad y los diera a ellos por testigos. Esta relación bien creo que la escribirán a Vuestra Alteza más largamente y por eso cesaré.

Pasada ésta tan peligrosa turbonada, determinaron subir el río arriba, así flacos como estaban y en entrada de invierno, en dos bergantines, los pocos que quedaron vivos. Y las fatigadas mujeres los curaban y los miraban y les guisaban la comida trayendo la leña a cuestas, de fuera del navío, y animándolos con palabras varoniles: que no se dejasen morir, que presto darían en tierra de comida, metiéndolos a cuestas en los bergantines con tanto amor como si fueran sus propios hijos. Y, como llegamos a una generación de indios que se llaman timbúes señores de mucho pescado, de nuevo los servíamos en buscarles diversos modos de guisados porque no les diese en rostro el pescado, a causa que los comían sin pan y estaban muy flacos.

Después determinaron subir el Paraná en demanda de bastimentos, en el cual viaje, pasaron tanto trabajo las desdichadas mujeres, que milagrosamente quiso Dios que viviesen por ver que en ellas estaba la vida de ellos; porque todos los servicios del navío los tomaban ellas tan a pecho que se tenía por afrentada la que menos hacía que otra, sirviendo de marear la vela y gobernar el navío y sondar de proa y tomar el remo al soldado que no podía bogar y esgotar el navío...

Verdad es que a estas cosas ellas no eran apremiadas ni las hacían de obligación ni las obligaban, sí solamente la caridad. Ansí llegaron a esta ciudad de la Asunción que, aunque agora está muy fértil de bastimentos, entonces estaba de ellos muy necesitada, que fué necesario que las mujeres volviesen de nuevo a sus trabajos, haciendo rozas con sus propias manos, rozando y carpiendo y sembrando y recogiendo el bastimento, sin ayuda de nadie, hasta tanto que los soldados guarecieron de sus flaquezas comenzaron a señalar la tierra y adquirir indios e indias de su servicio hasta ponerse en el estado en que agora está la tierra. He querido escribir esto y traer a la memoria de V. A. para hacerle saber la ingratitud que conmigo se ..ha usado en esta tierra, porque al presente se repartió por la mayor parte, de lo que hay en ella, ansí de los antiguos como de los modernos, sin que de mí y de mis trabajos se tuviese ninguna memoria, y me dejaron de fuera sin me dar indios ni ningún género de servicios, Mucho me quisiera hallar libre para me ir a presentar delante de Vuestra Alteza con los servicios que a S. M. he hecho y los agravios que agora se me hacen, mas no está en mi mano, porque estoy casada con un caballero de Sevilla que se llama Pedro de Esquivel ... ...Suplico me sea dado mi repartimiento perpetuo y en gra? tificación de mis servicios mande que sea proveído mi marido de algún cargo conforme a la calidad de su persona pues él... por sus servicios lo merece.

Nuestro Señor acreciente su Real vida y estado por muy largos años. De esta ciudad de la Asunción y de julio 2, 1556 años.

Servidora de Vuestra Alteza, que sus Reales manos besa.

ISABEL DE GUEVARA.

(Cartas de Indias, Madrid, 1877.)

Bibliografia:

Gladys Lopreto - La Carta de Isabel (escritoras unidas)

Diario el Pais - Uruguay

domingo, 18 de septiembre de 2011

Mujeres Argentinas


Hoy empiezo a escribir sobre un tema poco tratado en nuestra sociedad argentina, nuestras mujeres...

Aquellas que desde la misma fundación de la patria han sido protagonistas silenciosas del crecimiento político, social, educativo y cultural... Ellas eran madres, hijas, estudiantes, cocinaron, sirvieron, mandaron, reinaron,lucharon, lograron grandes conquistas en todos los planos, defendieron sus posturas, las de sus maridos, las de sus hijos o las de sus padres, fueron compañeras, pero no figuran sus nombres, tal vez, en la Primera Junta de gobierno, ni en las sucesivas formas de mando que hemos tenido, tal es así que nuestra primera mujer presidente fue el gran fracaso del siglo XX!...

Ellas estuvieron ahí, ellas están ahí, de muchas de ellas no sabemos ni siquiera los nombres, de otras sabemos aquello que se nos dejó saber...De muchas de nuestras protagonistas de hoy sabemos y de tantas otras no, pero, podemos tener la certeza, de que siguen construyendo nuestra nación en el día a día, mas allá del olvido, la ignorancia, del poco valor que se les da...

La idea es a hacer primero una mirada histórica a las grandes mujeres de nuestro país para después crear una perspectiva sobre nuestras mujeres de hoy.


Las mujeres que aquí veremos, conoceremos, de las que hablaremos, pueden ser felizmente recordadas por algunos, y no tanto por otros, pero fueron y son parte de la historia argentina....




Por ellas...por nuestras madres, hijas, hermanas, amigas, enemigas, las que son leyenda, las que, algún día lo serán ...

Richard